Tie Break Carlsen – Caruana

Tras doce tablas en las partidas lentas el mundial tenía que decidirse en los desempates. Y, tras muchas veces especulando sobre la posibilidad de ver algún enfrentamiento de estos en directo, Lucas y yo cogimos caballo y burro respectivamente y nos pusimos rumbo a Londres.

Para nosotros un viaje al extranjero siempre es una aventura. A mí me resulta imposible no recordar a Paco Martínez Soria llegando a Madrid del pueblo. Llegamos el lunes a las 08:30 al aeropuerto de Gatwick, y al pasar el filtro a Lucas le preguntaron si tenía su documento a lo que respondió “sí”, perdiendo una oportunidad única para tener una conversación íntegra en inglés.

Cogimos un tren hasta Victoria Station y ahí comenzó el suplicio de mi compañero. Para mí todo recorrido a pie de menos de una hora es suficientemente asequible como para no bajar al metro, donde temía quedarme atrapado como un fantasma de la película Ghost. Pero las pezuñas o las herraduras de Lucas resultaron ser de peor calidad que las mías, así que, mientras cruzábamos Hyde Park y veíamos las primeras ardillas, empezó a quejarse. Las quejas no cejarían en ningún momento.

Alcanzamos el hotel, donde dejamos las mochilas y, aprovechando que el local del juego estaba al lado (menos de una hora), fuimos caminando por la calle Oxford, disfrutando de la decoración navideña que seguramente habían puesto en agosto.

Logramos alcanzar lo que para cualquier ajedrecista era el centro del universo durante tres semanas, y accedimos al local con pavor tras descubrir que en las entradas había una cláusula que decía que si había mucha demanda de entradas podían aplicar un sistema de rotaciones. A mí me sonaba a que nos tirarían por una puerta trasera a un callejón lleno de ratas en cualquier momento. Nos sentamos en un banco incómodo lo más cerca que permitían nuestras entradas y nos dispusimos a aguantar allí hasta saber quién sería el campeón del mundo los próximos dos años.

El local de juego debía ser fantástico para los jugadores, pero para el público dejaba bastante que desear. Los asientos no eran más que una banco plano, la sala era muy pequeña y apenas cabrían 100 espectadores. Los asientos VIP nos quedaban en el banco de delante, así que poca diferencia. Pero al inicio del match la cantidad de público daba la razón a los organizadores: apenas seríamos 40 personas viendo las partidas. Luego se fue llenando, pero sorprende que no hubiera peleas a navajazos por hacerse con las entradas.

¿Fue esto un inconveniente para disfrutar del match? En absoluto. Es increíble tener a 10 metros a Magnus Carlsen y a Fabiano Caruana jugándose el título. Tres pantallas retransmitían el tablero y a los jugadores se les podía ver perfectamente haciendo un poco la jirafa.

Ya en la primera partida se veía claro quién era el favorito. Da la impresión de que Carlsen lo controla todo. En un momento dado vimos una variante que ganaba la partida fácilmente, pero Magnus seguía pensando. Obviamente la variante que habíamos calculado era una castaña que le permitía a Caruana obtener las tablas. Tampoco entendimos un jaque antes de tomar un peón, y resultó ser un jaque decisivo para ganar la partida. Supongo que es como interpretar un cuadro, nos hacíamos nuestras películas que distaban enormemente de la realidad.

En la segunda partida vimos claro que había que Caruana tenía que hacer un c5 que hubiera sacado del tablero a cualquiera. Pero Carlsen ve muy, muy lejos, y se impuso en pocas jugadas. Al lado había un tipo al que le dije “Me parecía que las blancas tenían iniciativa y de repente están tiesas”, a lo que el hombre me dijo “a mí me pareció que c7 era un blunder”. Me quedé con las ganas de saber con quién estaba hablando, pero sospecho que su Elo estaba mucho más cerca del de Carlsen que del mío.

La tercera partida fue un intento triste por parte de Caruana de seguir en el match. Es asombroso, y creo que más en directo, ver como Magnus lo tiene todo calculado. La partida puede pintar difícil para él en algún momento, pero es un espejismo. Tiene concepto posicional y cálculo táctico preciso como seguramente no se ha visto antes.

3 a 0 y el noruego renueva su corona durante dos años más.

En la rueda de prensa posterior, a la que pudimos asistir, vivimos con tristeza un momento en el que le preguntan algo a Magnus, este responde y todos ríen excepto Lucas y yo, que no lo entendimos. Pudimos reírnos también sin entender nada, pero nos mantuvimos serios y dignos.

Aprovechamos que el parlamento británico estaba al lado para ir a hacer una visita al Big Ben, que estaba tapado por obras. Y al día siguiente, aprovechando que todo estaba al lado, caminamos 20 kilómetros por Londres comentando un servidor la seguridad que transmite Carlsen cuando juega y mi compañero de viaje quejándose de una cantidad tal de dolores que parecían incompatibles con la vida.

Camino del aeropuerto vimos a un tipo con un letrero que ponía “anywhere far from here”. Se parecía un poco a John.

Una experiencia fantástica (y parcialmente dolorosa), que deja con ganas de repetir.

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